El arte es una parte esencial de nuestra experiencia como seres humanos, y en el ámbito educativo, donde nos esforzamos por abrazar todas las facetas de lo humano, desempeña un papel fundamental en las oportunidades de aprendizaje que ofrece la escuela.

Silvia Malbrán nos recuerda que cualquier maestro, incluso aquel que no se considera un profesional en música, puede conectarse con ella de manera significativa. Puede reconocerla, interpretarla, cantarla, bailarla y apreciar sus diversas manifestaciones. Aunque pueda carecer de habilidades para escribir o leer música, puede identificar los elementos distintivos de una melodía y disfrutar de su belleza.

Por lo tanto, la música puede y debe formar parte del proceso educativo desde los primeros años, más allá de las clases impartidas por un especialista. Es por ello que proponemos en este espacio curricular preparar a los docentes para que sean sensibles al mundo del arte, brindándoles experiencias vivenciales significativas.

Estas experiencias les permitirán no solo desarrollar su propia sensibilidad artística, sino también adentrarse en el lenguaje musical, ejecutar piezas corporales o instrumentales con precisión, cantar con emoción, explorar el vasto mundo sonoro, crear y expresarse a través de la música. Asimismo, les ayudará a adquirir habilidades profesionales clave, como comprometerse con su propio desarrollo, organizar y secuenciar contenidos, gestionar dinámicas grupales y trabajar de manera efectiva en el aula.

Además, fomentaremos constantemente la conexión entre estas experiencias musicales y los contenidos específicos del programa de práctica docente. Así,

las actividades musicales no solo serán una introducción al mundo del arte, sino también una forma de estimular los sentidos y enriquecer el aprendizaje en diversos contextos educativos.

 Un grupo de musicos tocando y sobre ellos un cerebro activdo por el arte, la musica, el color.